
¿Vale la pena ir a Nikko? Depende de qué Nikko elijas: los santuarios en un día o las montañas con una noche
Nikko está al norte de Tokio, a unas dos horas en los trenes más rápidos. En los hilos de viajeros se repite una duda: ¿merece la pena gastar un día entero en ir y volver? Las respuestas que reunimos van de un extremo a otro. Hay quien dice que fue lo mejor de todo su viaje por Japón, o su lugar favorito del país, y hay quien lo resume como «el peor viaje de nuestras tres semanas en Japón». Las dos cosas son ciertas, porque esas personas hicieron, bajo el mismo nombre, dos viajes distintos.
Lo que cuentan las voces es bastante claro. Pocas personas se arrepienten de los santuarios. De lo que se arrepienten es del día que organizaron alrededor de ellos: con prisas, entre multitudes y con demasiadas cosas metidas en una sola jornada. Esa parte la eliges tú, y más abajo te explicamos cómo.
¿Vale la pena? (con las palabras de los visitantes)
Reunimos lo que escriben viajeros extranjeros sobre Nikko y nos fijamos en una sola pregunta: ¿les valió la pena? Cada voz cuenta una vez, y así quedó el reparto:
Conviene empezar por el rojo, porque es lo que más te puede servir. Son 19 voces, y 9 de ellas hablan de multitudes y atascos, casi siempre en fines de semana de otoño y en festivos. Cinco de esas nueve salen de un mismo hilo. Esas cinco personas viajaron a Nikko el mismo fin de semana festivo de otoño e intentaron subir a las montañas que quedan más allá de los santuarios, hasta el lago Chuzenji, la cascada Kegon y el humedal de Senjogahara, pero la carretera de montaña se quedó parada. La voz decepcionada que más votos positivos recibió en toda la recopilación lo cuenta así: «Al menos fui a Nikko y vi las montañas preciosas desde lejos, pero en realidad fue un día perdido». Para esa persona fue un golpe muy duro, porque el sendero de Senjogahara era una de las cosas que más ilusión le hacían del viaje.
En el mismo hilo hay otra voz que no está en el rojo, sino en la franja del medio, y que avisa de algo parecido: «Hice la excursión de un día a Nikko entre semana, cuando ni siquiera había tanta gente, y aun así fue un caos. Ni lo intentes en el día si no tomas el primer tren (el de las 7 de la mañana)». Del resto de las voces decepcionadas, 4 dicen que Nikko queda demasiado lejos para ir y volver en el día desde Tokio. Otras 4 sí culpan al lugar en sí: un pueblo que les pareció venido a menos, el hormigón alrededor de la cascada, unos templos que les parecieron todos iguales o el pago en cada santuario y en cada templo. Las 2 restantes no dan ningún motivo.
Entre las voces verdes que cuentan su propio viaje hay tanto excursiones de un día como estancias con noche, y quienes fueron solo en el día se quedaron, en su mayoría, en la zona de los santuarios. «Estuve en Nikko hace como semana y media y me encantó», escribe alguien. «Solo fui un día, así que no me molesté en ir a las cascadas. Estaba lleno, pero si empiezas temprano y ajustas tus expectativas, está bien». Para otra persona, «solo los sitios Patrimonio de la Humanidad ya dan para una excursión de un día», y hay quien va más allá: «Nikko Toshogu es uno de los templos más espléndidos de todo Japón».
En la franja del medio, el tema que más aparece es el tiempo que le dedicas a Nikko: si vas en el día o te quedas a dormir, y si lo haces con prisas o con calma. Una voz verde, de alguien que se quedó dos noches, habla justo de eso. Primero: «Nikko vale la pena; es uno de mis sitios favoritos de todos los que visité». Añade que es un lugar precioso para quien disfruta de los templos y la naturaleza, y luego: «Dicho esto, yo me quedé dos noches y no tengo ni idea de cómo quienes van en el día consiguen disfrutar de verdad de lo que ven. Debe de ser con muchísimas prisas».
Así que, más que preguntarte si Nikko vale la pena, te conviene preguntarte a qué Nikko vas.
Dos viajes distintos que se llaman Nikko
En la práctica, bajo el nombre de Nikko caben dos viajes diferentes.
El primero es la zona de santuarios y templos Patrimonio de la Humanidad: Toshogu y sus vecinos, el santuario Futarasan y el templo Rinnoji. Ahí están la puerta cubierta de oro (Yomeimon), los Tres Monos, el bosque de cedros y las escaleras de piedra que suben hasta la tumba de Ieyasu. Todo queda cerca de la estación, en autobús o incluso a pie, y se disfruta más si empiezas temprano. Este es el viaje con el que puedes contar: de las 19 voces decepcionadas, solo 4 culpan al lugar en sí y no a cómo se organizó el día.
El segundo está montaña arriba, en el lago Chuzenji y la cascada Kegon. Para llegar se sube por la Irohazaka, una carretera con 48 curvas cerradas. El paisaje es precioso, pero cuando los colores del otoño llegan a la carretera, de mediados de octubre a principios de noviembre, se forman atascos. Los autobuses apenas avanzan, y si te toca un mal día puedes pasar horas en el tráfico. Conviene tratarlo como un viaje aparte. Los relatos de días echados a perder son de personas que sumaron las montañas a los santuarios en un solo día y con prisas.
Cómo ven el mismo lugar los visitantes japoneses
Veamos ahora qué escriben los visitantes japoneses en sus propias reseñas de esos mismos santuarios y templos. También aquí cada reseña cuenta una vez:
Las dos barras rojas son cortas: un 8% entre los japoneses y un 11% entre los extranjeros. La decepción no es un malentendido de quien llega de fuera ni un secreto de los japoneses. En los dos lados, la queja más repetida es el gentío. Entre las reseñas japonesas que no llegan a elogiar el lugar, las del medio y las rojas, hay 26, y 12 de ellas hablan de multitudes, colas, problemas para aparcar o de un sitio que se ha vuelto demasiado turístico.
Una parte se puede evitar, y tiene que ver con las fechas festivas y con la cola para comprar la entrada. Una reseña de Jalan, escrita por alguien de cuarenta y tantos años, lo explica así: «Como la visita fue la tarde del segundo día de un fin de semana de tres días, tanto el aparcamiento como el recinto estaban abarrotados. La cola para pagar la entrada también era enorme, así que recomiendo comprar antes la entrada electrónica e ir temprano por la mañana». Otra reseña, la de una mujer en la cincuentena que fue en un fin de semana de tres días de octubre, apunta en la misma dirección: «Para comprar la entrada del mismo día había una cola larguísima, así que, sobre todo en festivos, recomiendo comprarla con antelación». Ella cuenta además que, en la sala del Dragón que Llora, quienes vendían amuletos los anunciaban en voz alta mientras otra persona del santuario daba la explicación, y termina así: «Me dio la impresión de que antes era un poco más tranquilo y solemne. La próxima vez pienso ir un día entre semana». En el resto del rojo japonés, 3 de sus 7 reseñas hablan de un trato seco en una taquilla o en el mostrador de un santuario.
Aun así, también aquí lo que domina es el verde, con un 71%. Y hay algo que en las fotos no se ve: la subida. Nikko está construido en la ladera de una montaña, con escalones de piedra empinados. Las escaleras salen sobre todo en las reseñas positivas, y ninguna reseña roja se queja de ellas. Lo cuenta así una reseña de alguien de sesenta y tantos años: «Hay muchas escaleras y son empinadas, así que creo que, con la edad, se hace duro. Subí a duras penas, pero creo que hice bien en no abandonar a mitad de camino. Es un sitio en el que, subiendo y visitándolo, se aprenden muchas cosas». Es un lugar muy querido y la subida compensa; lo único que necesitas es un calzado con el que andar cómodo por escalones empinados.
Lo que conviene saber antes de ir
El oro y las tallas sorprenden incluso a los visitantes japoneses. Una visitante de cincuenta y tantos años cuenta en su reseña del Taiyuin, justo al lado, que cada puerta tiene estatuas de colores vivos y que el salón principal está dorado por todas partes, techo y paredes incluidos, y que el conjunto le pareció llamativo. Hubo también quien, con sesenta y tantos años, se fijó en la puerta Yomeimon ya restaurada: «Me sorprendió que las columnas del Yomeimon fueran blancas», escribió, y añadió: «Me pareció muy distinto de Nara y Kioto». Todo eso se hizo así a propósito. Toshogu es el santuario y la tumba de Tokugawa Ieyasu, el primer sogún Tokugawa, al que se venera como una divinidad. Los principales edificios que ves hoy los reconstruyó el tercer sogún, Iemitsu, para honrarlo, y muchos están cubiertos de pan de oro. En la guía de Nikko te contamos por qué se llenó de oro un bosque para honrar a una sola persona. Si llegas sabiendo esa historia, es más fácil que el oro te parezca conmovedor y no recargado.
Las obras de restauración son frecuentes, así que es fácil encontrar andamios o redes cubriendo parte de algún edificio. La puerta Yomeimon pasó por una restauración de cuatro años en la que se volvieron a aplicar unas 240.000 láminas de pan de oro. Encontrarte algo tapado decepciona un poco en el momento, pero gracias a ese cuidado un santuario de unos 400 años sigue brillando.
Si lo que de verdad quieres ver son el lago y la cascada, dales su propio día, y mejor aún si pasas una noche junto al lago Chuzenji. En estas voces, meter santuarios y montañas entre dos trenes es la forma más común de que el día salga mal.
Cómo pasar un buen día en Nikko
Si juntas lo que cuentan los viajeros extranjeros y lo que escriben los japoneses, sale una misma lista corta:
- Decide qué Nikko quieres antes de salir. Los santuarios y el bosque se recorren bien en una excursión de un día sin prisas, mientras que las montañas piden pasar una noche. Intentar las dos cosas en una sola jornada apretada es lo que se repite en los peores días.
- Llega temprano y compra la entrada antes. El recinto abre a las 9:00 y la primera hora es la más tranquila. La cola para comprar la entrada en el día puede llegar casi a una hora. Esos son, además, los dos consejos que más dan las reseñas japonesas: llegar temprano (11 de las 89 reseñas) y comprar la entrada por internet con antelación (6 de las 89).
- Si tu plan incluye las montañas, evita los fines de semana de otoño y los festivos, que es cuando se atasca la Irohazaka. Entre semana los santuarios están más tranquilos, aunque algunos días se llenan de excursiones escolares. Alguien que no tenía claro si le compensaría el tiempo fue «un miércoles frío y lluvioso de febrero y había muy poca gente», y después escribió: «Visto ahora, fue una de las mejores cosas que he hecho en Japón».
- Ten en cuenta la estación. Las hojas cambian de color según la altitud: en las montañas alrededor del lago empiezan a mediados de octubre, y en los santuarios no llegan hasta principios o mediados de noviembre. Quien se presenta en pleno invierno, con los árboles pelados, esperando ver los colores del otoño, se lleva un chasco. Una persona que fue en invierno, cuando ya no quedaba ninguna hoja, lo resume en «Nikko no me gustó nada», y reconoce que en otras épocas del año será mejor. Si dudas de las fechas, mira cuándo viajar a Japón según la estación.
- Para la subida, lleva un buen calzado. Hay escaleras de piedra hasta el santuario interior, donde está la tumba de Ieyasu. Otra persona, hablando de los templos y santuarios, cuenta que más arriba hay poca gente: «sobre todo si visitas también los que están un poco más arriba, casi no hay gente (todos los tours y los colegios solo van a los más grandes)».
Con estas decisiones, lo más probable es que tu día se parezca al de las reseñas contentas más que al de quienes se quedaron atascados en la carretera. Con los santuarios hay poco riesgo. Lo que merece la pena planear es el resto del día, y esa parte está en tus manos.
¿Todavía no sabes qué lugares famosos merecen de verdad un hueco en un viaje corto? Empieza por lo que de verdad importa en Japón. Y si quieres conocer la historia completa del sogún que pasó a ser venerado como divinidad, los Tres Monos y la subida hasta su tumba, tienes la audioguía de Nikko justo debajo de este artículo.
Fuentes
- Nikko Toshogu (sitio oficial): Historia del santuario (en japonés): Tokugawa Ieyasu, el primer sogún, fue consagrado como divinidad del santuario en 1617; los principales edificios actuales los reconstruyó en 1636 el tercer sogún, Iemitsu. Texto consultado el 10 de octubre de 2026.
- Nikko Toshogu (sitio oficial): Horario y precio de la visita (en japonés): abre a las 9:00 (hasta las 17:00 del 1 de abril al 31 de octubre y hasta las 16:00 del 1 de noviembre al 31 de marzo; se puede entrar hasta 30 minutos antes del cierre); precio de la entrada y lo que incluye (Yomeimon, el Gato Dormido, el Okumiya y el Dragón que Llora). Consultado el 10 de octubre de 2026.
- Oficina del Gabinete, Gobierno de Japón: Highlighting Japan, octubre de 2022, «The Glittering Beauty of the Yomeimon Gate at the Nikko Toshogu Shrine» (en inglés): unas dos horas desde Tokio en el tren más rápido; 103 santuarios y templos inscritos como Patrimonio de la Humanidad en 1999; Toshogu, construido en 1617 y reconstruido en 1636 por Iemitsu; la puerta Yomeimon, con unas 240.000 láminas de pan de oro y 508 tallas; 21 reparaciones grandes y pequeñas desde su construcción; una restauración de cuatro años terminada en 2017. Texto consultado el 10 de octubre de 2026.
- Centro del Patrimonio Mundial de la UNESCO: Santuarios y templos de Nikko (en inglés): inscrito en 1999; 103 edificios religiosos dentro de dos santuarios sintoístas (Toshogu y Futarasan-jinja) y un templo budista (Rinnoji). El 10 de octubre de 2026 la página no mostró el texto; se comprobó con la copia obtenida el 1 de junio de 2026.
- JNTO (Parques Nacionales de Japón): Nikko, cómo llegar (en inglés): desde Tokio con JR y Tobu; unas dos horas en expreso limitado desde Shinjuku o Asakusa, y cerca de 1 hora y 40 minutos desde la estación de Tokio con transbordo en Utsunomiya. Consultado el 10 de octubre de 2026.
- Asociación de Turismo de la Ciudad de Nikko (Visit Nikko): Santuarios y templos de Nikko (en inglés): los santuarios y templos Patrimonio de la Humanidad (Toshogu, Futarasan-jinja y Rinnoji); 13 minutos desde la estación de Nikko en el autobús World Heritage Tour; Okunikko: Senjogahara, el monte Nantai, el lago Chuzenji y la cascada Kegon. Consultado el 10 de octubre de 2026.
- Asociación de Turismo de la Ciudad de Nikko (Visit Nikko): La cuesta Irohazaka (en inglés): 48 curvas cerradas en la carretera entre Nikko y Okunikko; colores de otoño sobre todo de mediados de octubre a principios de noviembre; atascos en esa época. Consultado el 10 de octubre de 2026.
- Asociación de Turismo de la Ciudad de Nikko (Nikko Tabi Navi): Estado de las hojas de otoño (en japonés): por las diferencias de altitud, hay colores de otoño en algún punto del municipio desde principios de septiembre hasta finales de noviembre; picos previstos: el lago Chuzenji, la cascada Kegon y la Irohazaka de mediados de octubre a principios de noviembre, y los santuarios y templos Patrimonio de la Humanidad de principios a mediados de noviembre. Apartados actualizados el 13 de septiembre y el 8 de octubre de 2026; consultado el 10 de octubre de 2026.
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